Los Mundos de Laura

Archive for marzo 2010

Inventos al azar…

ImageDicen que la suerte sólo favorece a las mentes preparadas. Pero no siempre es así: muchos avances, inventos y descubrimientos importantes de la historia de la ciencia fueron fruto del descuido, el error, el despiste, el accidente o el azar. Aquí tienes esta genial selección de ‘hallazgos sin querer’

ImagePercy Spencer y sus colegas ingenieros de la empresa Raytheon investigaban con elmagnetrón, un generador deondas cortas para usarlo deradar con el fin de detectar submarinos enemigos. Aburrido estaba ya de tanto ensayo cuando un día, al meter su mano en el bolsillo, se dio cuenta de que la chocolatina que llevaba se había derretido durante el experimento. ¿Qué había pasado? Decidió investigarlo. Para ello, mandó traer una bolsa de maíz y, al poner en marcha el generador, ¡plop, el maíz empezó a transformarse en palomitas! Descubrió que estas ondas podían poner en movimiento las moléculas de los alimentos y que, al chocar entre si, producián calor. Así, en el año 1947, su empresa construyó el primer horno microondas, ¡tan grande como una nevera!

ImageA principios de los años 70, Spencer Silver, que trabajaba en la firma 3M donde se fabricaba el papel celofán, creó un pegamentoque no pudo sacar a la venta porque se adhería poco. Varios años después, a su compañero Art Fry se le ocurrió usar ese fallido pegamento para sujetar los papelitos con los que acostumbraba a marcar su libro de canto de la iglesia. De aquel fallo habían nacido los post-it. Aunque la idea no tuvo mucho eco al principio, los distribuidores empezaron aregalar muestras gratis de esas notitas de quita y pon. El éxito fue inmediato al demostrarse lo útiles que eran. Igual que hoy no se concibe una oficina sin post-it, ¿a que a ti te son imprescindibles como marcapáginas al estudiar o para dejar notas de aviso en casa?

ImageGracias al descuido del joven americano Frank Epperson disfrutamos hoy de los polos cuando el calor aprieta. A principios del siglo XX tenía once años cuando se olvidó de recoger un vaso de limonada que se estaba tomando en la calle delante de su casa. Tras una fría noche, el contenido se había congelado.Al tirar de la cuchara sacó el bloque helado y lo chupó curioso: ¡la limonada seguía estando tan rica y refrescante! Dieciocho años después, Frank fundó una empresa para fabricar polos de 7 sabores frutales y el despistado se convirtió en millonario.

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Cuando John Walker acabó sus estudios con un cirujano, decidió hacer por fin lo que realmente le apetecía. Abrió una farmacia en Stockton-Tree, en el norte de Inglaterra. Allí, además de las píldoras y medicamentos habituales, hacía sus propios experimentos y mezclaba todo tipo de productos químicos inflamables. Un día que estaba manejando compuestos de azufre y potasio ocurrió algo sorprendente. En el palo para remover había quedado adherido un pegote del denso puré que había estado mezclando. Walker intentó eliminarlo frotándolo contra el áspero suelo y entonces ¡el pegote se prendió fuego! ¡La de cosas que se podían hacer con esto!, debió pensar. Hacer fuego dónde y cuándo uno quisiera… Siguió experimentando y en abril de 1827 presentó en el pueblecito de Stockton su fortuito invento: las cerillas de fricción, que al principio vendía a un chelín el paquete de 100. Al poco, el farmaceútico se hinchó a vender cerillas
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